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Aulas sensorialmente inteligentes

Uno de los recursos que utilizamos los terapeutas ocupacionales que trabajamos desde el abordaje de la integración sensorial son las dietas sensoriales. Además de las sesiones de terapia que pueda recibir un niño, damos estrategias sensoriales a padres y profesores para que ayuden al niño a mejorar su participación. Los centros educativos convencionales, en muchas ocasiones, no cuentan con herramientas suficientes para conseguir que los niños que padecen una disfunción del procesamiento sensorial saquen todo su potencial y puedan aprender con la misma facilidad que los demás. En las siguientes líneas convertiremos un aula ordinaria en un aula sensorialmente inteligente.

Lo primero que me atrevería a cambiar son las paredes de las aulas ¡¡están atestadas de cosas!! Es verdad que el apoyo visual es muy positivo y de inicio ayuda a asimilar conceptos, pero yo creo firmemente que debe de existir un punto intermedio entre empapelar las aulas con letras, formas, números, dibujos, fotos, animales, etc. y dejarlas vacías para que los niños con algunas dificultades no se distraigan. En un aula sensorialmente inteligente, lo más visible es una buena agenda visual, para que los chicos sepan cómo se va a organizar la jornada. Además, puede haber un cartel con ejercicios de yoga (propiocepción) para que sepan cómo se pueden mover si se cansan, saturan o pierden la atención.

Los trabajos que realizan, carteles de letras, números, formas y demás, con cautela, solamente pondría lo que se estuviera trabajando en el momento, y en un lugar concreto. Para muchos niños con problemas de modulación o de procesamiento visual es extremadamente difícil concentrarse en la tarea con tanta estimulación visual. ¿Y para el niño que le viene bien? El niño que va bien, va a ir igual de bien sino mejor con un ambiente más despejado.

Lo más normal es distribuir el aula por rincones, además del rincón de la casita, los coches o los disfraces, en un aula sensorialmente inteligente hay un “rincón del descanso”, un espacio con telas donde hay menos luz, un refugio lleno de cojines y mantas, donde los niños puedan calmarse o autorregularse si se desorganizan.

En cuanto a las sillas y mesas, ofrecen poca estimulación sensorial o nada y el cerebro necesita sensaciones para funcionar… ¿Qué está pasando aquí? No podemos pedir atención si el cerebro no se ha nutrido de sensaciones, y es exactamente lo que pretendemos… demasiadas horas sentados es agotador para el cerebro. Lo más efectivo es dar sensaciones y luego pedir atención ¡¡el movimiento es fundamental para el aprendizaje!! Lo ideal sería cambiar el mobiliario típico por balancines, pelotas, sillas giratorias, cojines de aire, mecedoras, sillas con respaldo o sin respaldo… dejar que cada niño descubra con qué sensaciones funciona mejor su cerebro. Sé que esto no siempre es posible, siendo realista trataría de meter, al menos, algunos de estos elementos en el aula y de hacer a los alumnos conscientes de cómo poder usarlos para mejorar su desempeño.

Algo que es totalmente factible tener en el aula, y los profes en las formaciones así me lo confirman, son las cajas sensoriales, con elementos táctiles, visuales, auditivos, olfativos y gustativos. A nivel táctil puede haber cajas con arena, lociones hidratantes, espuma de afeitar, plastilinas, legumbres, bolitas, pelotas de diferentes texturas y tamaños, pintura de dedos… ¡¡y cualquier cosa que se nos ocurra!! A nivel visual bolas de luz, linternas, botellas sensoriales, etc. Para las sensaciones olfativas los aceites esenciales tienen muchas propiedades que modifican el nivel de alerta ¡¡usémoslos!! Pegatinas aromáticas y perfumes son fáciles de tener en el aula. Muchos niños tienen problemas para modular las sensaciones auditivas y el ruido normal del aula es realmente molesto para ellos. Uno de mis niños de 5 años, le pidió a la monitora del comedor unos tapones para los oídos porque “los niños hacían tanto ruido que les quería pegar”. Pues bien, estos niños que se cubren los oídos o que se portan notablemente peor en ambientes desorganizados o ruidosos, podrían buscar unos tapones o auriculares con música relajante en nuestra caja del sonido y enfrentarse mucho mejor a la demanda escolar. A través de la estimulación oral también podemos ayudar a los niños a regularse, hay niños que muerden todo, babean o se llevan todo a la boca, esta “ansiedad” hace que prestar atención sea difícil, en nuestra caja del gusto puede haber caramelos blandos, mordedores, chicles, tortitas crujientes de maíz, fruta o algunos vegetales.

Por último, jugar con las luces y el sonido, no tener miedo de hacer dinámicas a oscuras para bajar el nivel de alerta de la clase (o de un niño concreto si lo necesita) o de introducir música binaria o rítmica mientras realizan la tarea.

¡¡Ánimo con el diseño del aula!! Jugar con las sensaciones es una gran herramienta y hará a nuestros alumnos más felices.